El señor se sabía tan poderoso que, por decreto, cambió el significado de las palabras. De ese modo cirugía ya no significó “parte de la medicina que se ocupa de curar las enfermedades, malformación, traumatismos, mediante operaciones manuales o instrumentales”, sino que “examen químico de una muestra orgánica o inorgánica, que consiste en determinar la naturaleza y proporción de las sustancias que la componen”.

Los médicos se miraron perplejos.

Uno de ellos se atrevió a cuestionar el cambio y la lengua le fue amputada.

Al día siguiente fallecieron tres mujeres que debían ser sometidas a lo que antes era una cirugía y a las que simplemente se les practicaron unos análisis.

Después de eso el mundo entero guardó silencio sabiendo que, poco a poco, tendría que volver a aprender el significado de las cosas.

Por capricho. Por poder. Por decreto.

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