Porta Oscura

Por Eduardo Scheffler

Bruma

Hay días en que la bruma no nos deja ver. Por más que intentemos, los faros permanecen lejanos.

Distantes.

Ausentes.

Nuestras miradas los buscan, sabiendo que realmente están ahí, pero incapaces de encontrarlos. Nuestros ojos desesperan. Lloran arena en cámara lenta. Se cierran.

Y entonces andamos a tientas.

Otra vez, a tientas.

No queriendo ver, aunque nos lo propongamos.

Volviéndonos invisibles, aunque jamás desaparezcamos.

Condenándonos a la mutua ceguera.

Por siempre.

Pero cuando el viento sopla. Cuando transgrede la niebla. Cuando nos devuelve la luz y con ella la vista. Y se lleva la arena. Y los miedos. Y las ideas. Cuando los párpados se liberan y no duermen más.

Entonces la bruma se va y llegan las lágrimas con nuestros faros encapsulados. Húmedos y oxidados. Pero nuestros. Para guiarnos de una vez y para siempre a esa playa en donde el dolor es olvido y el olvido es perdón.

Ese lugar (único) en donde el viento sopla a favor.

 

Share This:

Previous

Monstruo mío

Next

Corona marchita

2 Comments

  1. Alex LLantada

    Muy bueno! Quiero llegar a ese lugar donde el viento sople a favor. La bruma tarde o temprano se irá.

Leave a Reply

Powered by WordPress & Theme by Anders Norén