Porta Oscura

Por Eduardo Scheffler

Monstruo mío

Tengo un monstruo mío.

Habita en mi casa y cada vez que me ve orina de emoción. A veces gruñe, a veces resopla, siempre se acerca para tratar de devorar mis miedos, mis absurdos, mis inseguridades. Para lamer las heridas en mi corazón.

Tengo un monstruo mío, una adorable bestiecilla que roe huesos y cartílagos. Pasa las noches en vela como si fuera un centinela y si yo aparezco descalzo entre tanta sombra de inmediato se levanta para olisquear mis pies.

Mi monstruo es pequeño, de colmillos afilados.

Mi monstruo es temeroso y tierno.

Juega con los niños.

Le gusta acompañarme a correr y lo puede hacer a lo largo de 19 kilómetros. Me voltea a ver ocasionalmente con algo parecido a una sonrisa dibujada en su hocico.

Roba suspiros con su moño rojo atado al blanco pelaje que envuelve su cabeza. Fascina a las niñas que la siguen con atención.

Mi monstruo, mi adorable bestiecilla, me ha acompañado en los días de sombra, los días de extravío, los días en conflicto conmigo mismo. Me ha levantado el ánimo más de 300 veces con su noble alegría, sus brincos y sí: hasta con su orina.

Tengo un monstruo mío que se llama Mía.

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1 Comment

  1. Julio Scheffler

    Eddy, me alegra ver (leer) que te ha vuelto el amor por los perros que tantos años pareció que habías olvidado.
    No olvides que estos seres vivos son de las pocas especies de la tierra que te dan amor, que te agradecen, que te saludan siempre con la misma efusividad sin pedir nada a cambio y aunque pocos momentos antes los hayas regañado o llamádoles la atención.
    Son puro amor!

    Si el amor de padre se puede comparar con el amor que Mia te tiene, entonces te amo por ser mi hijo.

    Te quiero mucho.
    Papi

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